BELLE KNOX: ¿PORNOGRAFÍA SUBVERSIVA O POSTUREO FEMINISTA?

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Hace un par de meses en YouTube, topé por casualidad con una entrevista a Belle Knox, una joven de 18 años, estudiante de derecho en la Duke University, que decidió recurrir a la pornografía para costearse los más de 60.000 $ anuales de matrícula universitaria. La noticia saltó a los medios rápidamente y planteó una serie de cuestiones que dieron lugar a debates relacionados tanto con las causas de la decisión de Knox, como con las desmesuradas reacciones y el acoso al que tuvo que hacer frente los meses posteriores a que un compañero de clase hiciese pública su profesión. ¿Son este tipo de empleos a los que están conduciendo los altos costes de las universidades estadounidenses? ¿Cómo es posible que una joven tan brillante recurra a la pornografía? ¿No podría haber elegido otro empleo más digno, más «honrado»? ¿En qué tipo de valores ha sido educada esta chica? Estas son algunas de las preguntas que se escucharon en los múltiples platós a los que Knox acudió cuando el gran escándalo tuvo lugar. Sin embargo, sorprende que las reacciones y el acoso sufrido por Knox se concibiesen en todos los casos como una consecuencia natural a la profesión de la joven. A pesar de que en dichas tertulias los abusos no sean justificados, en todas ellas son entendidos como algo a lo que Knox tenía que estar dispuesta a hacer frente cuando tomó la decisión de hacer películas porno. Esto, bajo mi punto de vista, no solo hace patente el discurso androcéntrico que rodea el cuerpo y la sexualidad de la mujer, sino que además implica responsabilizar a Knox de dichos abusos.

Vemos que, todavía a día de hoy, cuando parece que la libertad sexual está al orden del día, la pornografía continúa estando plagada de tabúes, estigmas y detracciones, que hacen que uno se cuestione la forma en la que la sexualidad femenina es percibida socialmente. Si nos centramos en la industria del sexo, nos encontramos con que el sector ha estado esencialmente dirigido a un público masculino y que, a pesar de la nueva pornografía emergente, es particularmente difícil encontrar material por y para mujeres. Del mismo modo, el porno no sólo ha establecido claros patrones de cómo se debe entender, percibir y practicar el sexo, sino que, además, ha contribuido directamente a la cosificación de la mujer, construyendo un imaginario colectivo en el que aparecemos como un objeto pasivo para el deseo y disfrute del sujeto activo masculino. Generalmente, las representaciones del rol femenino en la pornografia nos han despojado de agentividad y, por lo tanto, negado una sexualidad propia.

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Teniendo en cuenta la magnitud de la industria pornográfica y la gran cantidad de millones de dólares que mueve el sector, no es difícil imaginar que miles de jóvenes universitarias recurran al sexo como modo de financiación de sus carreras, enfrentándose a diario a abusos y a un rechazo social generalizado. De hecho, hace pocos meses, Alyssa Funke se suicidó pocos días después de que su primera película pornográfica saliese a la luz al no poder soportar el acoso de sus compañeros. Así pues, es evidente que Knox no es única en su especie. Sin embargo, creo que su caso es particularmente interesante ya que la joven supo aprovechar el boom mediático de su historia para defender su posición mediante un discurso claramente feminista. Knox cogió al toro por los cuernos y no calló; aprovechó el tirón mediático de su situación y dijo aquello que no estamos acostumbrados a oír y que muchos no querían escuchar, dejando claro que no es una víctima de las circunstancias, que entrar en la industria del sexo fue su propia decisión y que para ella la pornografía es una vía hacia la liberación.

Me sorprendió que una chica tan joven, sometida a tal presión social y mediática, supiera afrontar la situación de una manera tan valiente, con un mensaje tan claro y dejando en evidencia los estigmas y la misoginia que predominan en la sociedad actual. Si la pornografía ha sido tradicionalmente una herramienta para someter a la mujer, reduciéndola a un trozo de carne para el placer sexual masculino, Knox propone reapropiarse de la industria y utilizarla como un mecanismo de empoderamiento. La actriz plantea la pornografía como un espacio para reivindicar y visibilizar la agentividad sexual femenina, que permita liberar a la mujer de las conductas sexuales preestablecidas y cuestionar las convenciones de sexo, género y deseo desde el mismísimo lugar en el que se han construido tradicionalmente.

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De todos modos, aunque aplaudo y defiendo el discurso de Knox, y agradezco que una voz tan joven haya introducido en programas de máxima audiencia un tema tan controvertido como el papel de la mujer en el cine porno, tengo que reconocer que me llevé una gran decepción cuando me decidí a ver el tipo de material en el que participa. Quizás se deba a su inexperiencia o a la productora para la que trabaja, pero, pese a defender tan vehementemente la reapropiación del cuerpo y la sexualidad femenina ante los medios de comunicación, sus vídeos me parecieron más de lo mismo: mucho cuerpo escultural, tetas bien puestas, primeros planos de Knox muy abierta, escenas lésbicas clarísimamente dirigidas a un público masculino… En fin, no me pareció que con su material pornográfico Knox contribuyese a repensar las bases del sector o aportase ideas interesantes a la emergente pornografía alternativa, feminista o queer. Lo que está claro es que su discurso vendió bien, ha sido una buena estrategia de marketing para sus películas y, además, ha puesto sobre la mesa un tema que, a mi modo de ver, era necesario discutir y replantearse en la industria del cine porno; pero para la próxima… ¿QUÉ TAL SI PREDICAMOS CON EL EJEMPLO?

Anna N.