Beyoncé: El nuevo icono feminista.

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Es complicado definir actualmente y en referencia a la cultura visual o pop el término “feminismo”. En la búsqueda de la definición perfecta se entra en preguntas como: ¿Qué es? ¿Qué acota? ¿Qué hay que hacer o pensar para ser considerada feminista? ¿Es un movimiento político-social aplicable a la vida real de las mujeres del planeta? La estrategia de marketing de Beyoncé no deja de ser una técnica de comercialización de un producto: sus canciones y marcas registradas. Y en su último trabajo, Beyoncé ha optado por etiquetarse como “feminista” y ha conseguido criticas a favor y en contra, pero no ha dejado a nadie indiferente. Si bien es cierto que para un mundo occidental el mensaje que transmite utilizando la etiqueta feminista queda un tanto grande por la problematización de convertir su cuerpo en los vídeos en un objeto para el disfrute de una mirada masculina, este mismo mensaje en culturas donde los derechos de la mujer van en un sentido divergente al de la sociedad occidental actual puede resultar, según la visión de algunas activistas feministas, muy positivo ya que hace llegar el mensaje de la liberación sexual femenina a mujeres que apenas han oído hablar de ello. Sin embargo, el movimiento feminista tiene un origen burgués y poco representativo para mujeres de colectivos minoritarios que no se sentían representadas por el contexto social de la mujer blanca que dominaba el espacio feminista.  Así pues, el feminismo conocido como “del tercer mundo” – no visto como algo negativo, sino como una tipología de feminismo subversiva, rebelde e inquietante–, defiende la necesidad de las mujeres pertenecientes a minorías de definir su propio feminismo, acorde con sus propias experiencias y cultura, ya que no puede existir un tipo de feminismo universal si hay uno predominante.

Beyoncé es para una gran parte de la comunidad americana negra un triunfo racial, les da el mensaje de que pueden pertenecer a una minoría étnica, a un grupo oprimido, venir de una clase social poco acomodada y triunfar, convirtiéndose en una megaestrella del pop y codeándose con la élite mundial. Y todo sin renunciar a una identidad y una cultura propia. Representa al nuevo sueño americano, una mujer independiente, rica, famosa, con una familia y sin problemas identitarios.

Quizás Beyoncé no hace referencia a muchas experiencias de mujeres blancas, pero sí que muchas mujeres de color se ven descritas en sus canciones. Es innegable la cantidad de referencias sexuales que contienen las canciones de la norteamericana, en numerosas ocasiones con tintes sumisos; pero al fin y al cabo, es una mujer adulta que habla abiertamente de relaciones sexuales entre adultos y completamente consentidas.

De todas maneras, una de las grandes críticas de su último trabajo discográfico radica en un estribillo que su marido, Jay-Z, rapea en la canción “Drunk in Love” ya que hace apología de la violencia doméstica incluso pudiendo “glamurizar” la acción. En ciertas canciones se insta a las mujeres a ser independientes, a disfrutar de su sexualidad y a exigir respeto y poder, pero por otro lado existe una ambivalencia sumisa y violenta.

Por otro lado la canción “Flawless”, incluye un extracto de la conferencia TED de Abril del 2013, en la que la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie firmaba un discurso titulado “We Should All Be Feminists.” en el que se pregunta por qué se educa sexualmente a niñas y niños de manera diferente y en el que da su definición de feminismo: una persona que cree en la igualdad social, política y económica de los sexos. Inicialmente la canción se filtró en el verano de 2013 como “Bow Down”, acompañada de un vídeo en el que se ve a Beyoncé ataviada con prendas neo-barrocas y maquillada al estilo Marie-Antoniete, empolvada e inusualmente blanca para una mujer de tez negra. El estribillo de la canción se repite una y otra vez repitiendo “Bow Down Bitches”, algo que la blogosfera feminista (de raza blanca) interpreta como un insulto de una mujer que se cree superior a las demás (algo que se podría leer como claramente anti-feminista). Es ya de sobras conocida la palabra “Bitch” en el mundo del pop contemporáneo, pero la explicación de algunas feministas negras es que al ser Beyoncé una mujer perteneciente a un grupo racialmente oprimido, utiliza la palabra (muy común en ghettos y en la cultura artística afroamericana para hacer referencia a la mujer negra) para enfrentarse a esas mujeres, hipotéticamente blancas, que le dicen cómo actuar según las reglas sociales establecidas por los blancos.

“Partition” representa un problema más visual que lírico, ya que las letras son sexualmente explícitas y sumisa, pero no hay ningún tipo de abuso por parte de la pareja. Representa a la mujer adulta que disfruta del sexo consentido. Además en los últimos segundos de la canción se oye una voz femenina de fondo hablando en francés que recuerda que el sexo es algo natural y que no está reñido con el feminismo, ni con ser una mujer fuerte e independiente. Es remarcable que el fragmento se haga en lengua francesa, ya que la estética tomada para el vídeo de la canción es una simulación del show de burlesque parisino Crazy Horse, un espectáculo esencialmente creado para el disfrute del hombre, donde las bailarinas bailan semidesnudas. Es interesante el concepto sajón “male gaze” aplicado al contexto del streapclub o a un videoclip. Según la teórica Laura Mulvey, desde el punto de vista feminista existen tres maneras de asumir  la mirada. Primero cómo los hombres miran a las mujeres, seguidamente cómo las mujeres se ven a sí mismas, y para finalizar cómo las mujeres ven a otras mujeres. El espectáculo al que Beyoncé pertenece en el vídeo está totalmente dirigido al disfrute de la mirada masculina, lo que la convierte en algo sexual que contemplar. También resulta curioso, a nivel racial, que al inicio del vídeo Beyoncé salga desayunando en lo que parece una mansión y sin motivo alguno tire su servilleta al suelo, que rápidamente es recogida por una camarera blanca vestida de forma muy provocativa. El detalle resultaría insignificante si los blogs de activistas negras no lo interpretasen como un desafío a la autoridad blanca, como lo hace Mia McKenzie del blog blackgirldangerous.org.

En el caso de “Blow”, se hace una clara referencia al sexo oral. Es relativamente normal encontrar el tema en canciones, pero sin embargo el denominador común en la mayoría de las canciones es que son hombres que quieren o explican una felación. Sin embargo, es difícil encontrar a superestrellas del pop femeninas que llenan estadios y tienen audiencias infantiles hablar del tema tan abiertamente. ¿Por qué son sólo los hombres a los que se les permite expresar abiertamente el gusto por esta práctica sexual?

Creo que de por sí es complicado definir lo que es feminista, pero lo mejor sería hablar de “feminismos” y no de feminismo en singular. Desde mi punto de vista el movimiento feminista tiene multitud de matices dependiendo del contexto cultural al que se pertenezca, la raza, el país, la educación, la sexualidad y una gran variedad de variables más. La opción de feminismo que se elija no tiene porque ser aplicable para todas. Estoy a favor de todo lo que implique igualdad entre los sexos y la transmisión de ese mensaje a todos los rincones del mundo, ¿y quién mejor que transmitir el mensaje que una súper estrella mundial? Es cierto que está muy lejos de ser mi icono feminista, pero prefiero a una mujer que habla de una manera natural sobre el sexo oral y estar en un club bailando una canción que dice que estoy a cargo de mi sexualidad y que no hay nada malo en disfrutarlo que una canción que en su videoclip tiene a mujeres desnudas como decoración y letras totalmente ofensivas y sexistas. Mujeres de cualquier raza y posición social deben reapropiarse de sus cuerpos y no convertirse en simples objetos a disposición del placer y la mirada masculina. No olvido que Beyoncé es simplemente una parte de la industria musical y la cultura pop y que detrás de ella hay un gran trabajo de marketing, pero aunque no sea el mejor ejemplo de feminismo, definitivamente es un buen comienzo.

 

Blanca B

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BELLE KNOX: ¿PORNOGRAFÍA SUBVERSIVA O POSTUREO FEMINISTA?

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Hace un par de meses en YouTube, topé por casualidad con una entrevista a Belle Knox, una joven de 18 años, estudiante de derecho en la Duke University, que decidió recurrir a la pornografía para costearse los más de 60.000 $ anuales de matrícula universitaria. La noticia saltó a los medios rápidamente y planteó una serie de cuestiones que dieron lugar a debates relacionados tanto con las causas de la decisión de Knox, como con las desmesuradas reacciones y el acoso al que tuvo que hacer frente los meses posteriores a que un compañero de clase hiciese pública su profesión. ¿Son este tipo de empleos a los que están conduciendo los altos costes de las universidades estadounidenses? ¿Cómo es posible que una joven tan brillante recurra a la pornografía? ¿No podría haber elegido otro empleo más digno, más “honrado”? ¿En qué tipo de valores ha sido educada esta chica? Estas son algunas de las preguntas que se escucharon en los múltiples platós a los que Knox acudió cuando el gran escándalo tuvo lugar. Sin embargo, sorprende que las reacciones y el acoso sufrido por Knox se concibiesen en todos los casos como una consecuencia natural a la profesión de la joven. A pesar de que en dichas tertulias los abusos no sean justificados, en todas ellas son entendidos como algo a lo que Knox tenía que estar dispuesta a hacer frente cuando tomó la decisión de hacer películas porno. Esto, bajo mi punto de vista, no solo hace patente el discurso androcéntrico que rodea el cuerpo y la sexualidad de la mujer, sino que además implica responsabilizar a Knox de dichos abusos.

Vemos que, todavía a día de hoy, cuando parece que la libertad sexual está al orden del día, la pornografía continúa estando plagada de tabúes, estigmas y detracciones, que hacen que uno se cuestione la forma en la que la sexualidad femenina es percibida socialmente. Si nos centramos en la industria del sexo, nos encontramos con que el sector ha estado esencialmente dirigido a un público masculino y que, a pesar de la nueva pornografía emergente, es particularmente difícil encontrar material por y para mujeres. Del mismo modo, el porno no sólo ha establecido claros patrones de cómo se debe entender, percibir y practicar el sexo, sino que, además, ha contribuido directamente a la cosificación de la mujer, construyendo un imaginario colectivo en el que aparecemos como un objeto pasivo para el deseo y disfrute del sujeto activo masculino. Generalmente, las representaciones del rol femenino en la pornografia nos han despojado de agentividad y, por lo tanto, negado una sexualidad propia.

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Teniendo en cuenta la magnitud de la industria pornográfica y la gran cantidad de millones de dólares que mueve el sector, no es difícil imaginar que miles de jóvenes universitarias recurran al sexo como modo de financiación de sus carreras, enfrentándose a diario a abusos y a un rechazo social generalizado. De hecho, hace pocos meses, Alyssa Funke se suicidó pocos días después de que su primera película pornográfica saliese a la luz al no poder soportar el acoso de sus compañeros. Así pues, es evidente que Knox no es única en su especie. Sin embargo, creo que su caso es particularmente interesante ya que la joven supo aprovechar el boom mediático de su historia para defender su posición mediante un discurso claramente feminista. Knox cogió al toro por los cuernos y no calló; aprovechó el tirón mediático de su situación y dijo aquello que no estamos acostumbrados a oír y que muchos no querían escuchar, dejando claro que no es una víctima de las circunstancias, que entrar en la industria del sexo fue su propia decisión y que para ella la pornografía es una vía hacia la liberación.

Me sorprendió que una chica tan joven, sometida a tal presión social y mediática, supiera afrontar la situación de una manera tan valiente, con un mensaje tan claro y dejando en evidencia los estigmas y la misoginia que predominan en la sociedad actual. Si la pornografía ha sido tradicionalmente una herramienta para someter a la mujer, reduciéndola a un trozo de carne para el placer sexual masculino, Knox propone reapropiarse de la industria y utilizarla como un mecanismo de empoderamiento. La actriz plantea la pornografía como un espacio para reivindicar y visibilizar la agentividad sexual femenina, que permita liberar a la mujer de las conductas sexuales preestablecidas y cuestionar las convenciones de sexo, género y deseo desde el mismísimo lugar en el que se han construido tradicionalmente.

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De todos modos, aunque aplaudo y defiendo el discurso de Knox, y agradezco que una voz tan joven haya introducido en programas de máxima audiencia un tema tan controvertido como el papel de la mujer en el cine porno, tengo que reconocer que me llevé una gran decepción cuando me decidí a ver el tipo de material en el que participa. Quizás se deba a su inexperiencia o a la productora para la que trabaja, pero, pese a defender tan vehementemente la reapropiación del cuerpo y la sexualidad femenina ante los medios de comunicación, sus vídeos me parecieron más de lo mismo: mucho cuerpo escultural, tetas bien puestas, primeros planos de Knox muy abierta, escenas lésbicas clarísimamente dirigidas a un público masculino… En fin, no me pareció que con su material pornográfico Knox contribuyese a repensar las bases del sector o aportase ideas interesantes a la emergente pornografía alternativa, feminista o queer. Lo que está claro es que su discurso vendió bien, ha sido una buena estrategia de marketing para sus películas y, además, ha puesto sobre la mesa un tema que, a mi modo de ver, era necesario discutir y replantearse en la industria del cine porno; pero para la próxima… ¿QUÉ TAL SI PREDICAMOS CON EL EJEMPLO?

Anna N.