REFLEXIONES SOBRE ORANGE IS THE NEW BLACK

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Hace algo más de un mes me zampé las dos temporadas de Orange is the New Black en un par de semanas, convirtiéndome en una de las miles de personas que esperan con ansias la tercera temporada. La verdad es que tenía muchísimas ganas de escribir sobre la serie para ver si podía conciliar las mil ideas contradictorias que me iban surgiendo a medida que avanzaban los capítulos. Para los que no la habéis visto, os pongo en situación. OITNB narra la historia de Piper Chapman, una rubia algo ñoña, prometida con un escritor desempleado, y condenada a 15 meses de prisión por mover dinero de una red de narcotraficantes en la que su exnovia estaba involucrada. La serie nos transporta a una cárcel de mujeres de mínima seguridad y, además de la vida de Chapman, relata la convivencia entre las reclusas, introduciendo poco a poco sus historias.

Lo primero que llama la atención de OITNB es que hay una sobredosis de temas poco frecuentes en programas de máxima audiencia como este. No es solo que las mujeres aparezcan en primer plano, sino que, además, la serie da voz a cada una de ellas, desestabilizando las representaciones femeninas tradicionales y planteando cuestiones que van más allá del sexismo. El recinto carcelario y la convivencia forzada entre identidades muy diversas ponen en relieve las diferencias raciales, de clase, de edad e ideológicas; permiten una representación explícita de la homosexualidad femenina; y hacen posible la visibilización de la transexualidad. Desde luego, la serie es un bombazo al que no nos tenían nada acostumbrados.

OITNB

Sin embargo, pese a que la serie ha sido un éxito rotundo, no todos los sectores la han aclamado con el mismo vigor. Aura Bogado fue una de las primeras en criticarla, y razones no le faltaban. En su artículo “White is the New White”, Bogado hace referencia a la popularidad de las narraciones de los esclavos entre los círculos abolicionistas a mediados de S.XIX, apuntando que cada una de ellas quedaba enmarcada por una introducción blanca que autentificaba la experiencia negra. Lo que la autora nos viene a decir, es que la práctica de verificar las vidas de los fugitivos negros ha cambiado debido al contexto histórico, pero que el rol de los personajes blancos sigue siendo el mismo. Y, después de todo, es así. Si en OITNB tenemos acceso a las vidas de mujeres negras, de clase baja, y marginales en general, es porque Piper nos da acceso a ellas. Chapman posee el rol de mediadora y, de un modo u otro, hace que todo aquello que nos presentan en la serie y que no estamos acostumbrados a ver, sea más fácil de digerir. A veces, incluso parece que su personaje sea el único que tiene una vida esperándole fuera.

Dejando a un lado el rol de la protagonista, la serie también ha recibido muchas críticas, acusada de alimentar y reforzar algunos de los estereotipos racistas, clasistas y homófobos más comunes: lesbianas marimacho acosadoras, fanatismo religioso de las reclusas de clase más baja, latinas embarazadas, etc. Y en un principio, Piper parece que está allí para juzgarlas.

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No obstante, en Orange is the New Black las cosas no son tan simples, y creo que basarse en la estigmatización de los personajes para echar tierra a la serie es demasiado fácil. Que los estereotipos están ahí es un hecho, y que el rol de Piper es el de introducir esas vidas a los espectadores, también; pero su personaje no es ni tan plano, ni tan sencillo.

En primer lugar, pienso que es importante centrarse en la protagonista, en su función, y en la evolución de su personaje a lo largo de la serie. Piper entra en la cárcel como la rubia dulce e inocentona que cometió un error y parece que su personaje vaya a ser el encargado de trazar la línea entre lo que debe ser aceptable para el espectador y lo que no. Forzada a convivir con identidades con las que no se habría relacionado jamás en su día a día, la Piper de los primeros capítulos es ignorante, egocéntrica, y juzga severamente al resto de reclusas. Aun así, es ella quien marca la diferencia en todos los sentidos; al principio por sus juicios de valor, pero también por poner de manifiesto sus privilegios y las diferencias sociales, raciales, de clase, etc. A medida que avanza la serie, Piper evoluciona, reconoce sus privilegios y empieza a desarrollar una conciencia que le permite ver las cosas desde otra perspectiva y empatizar con el resto de reclusas. Sin embargo, lejos de ser una transformación redentora, la evolución de Piper le permite comprender su entorno y endurecerse para sobrevivir en él.

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Aquí es cuando yo me pregunto: ¿Funcionaría la serie si la protagonista no estuviese en una situación privilegiada? La trama de la serie, al final, se centra en la transformación de Piper y en el desarrollo de su nueva conciencia. Del mismo modo, creo que los estereotipos tampoco son inocentes. Para Piper, la estigmatización de los personajes constituye la base de sus juicios al inicio de la serie pero, a medida que van pasando los capítulos y vamos conociendo una a una a sus compañeras, los estereotipos van quedando en un segundo plano. De hecho, la evolución de los personajes en Orange is the New Black, inclusive el de la protagonista, es bastante interesante si tenemos en cuenta que las representaciones hegemónicas siempre han presentado a las mujeres como figuras estables y uniformes, caracterizadas por la inocencia y la bondad, o la malicia y la crueldad. En cambio, las mujeres de la cárcel de Litchfield son multidimensionales, dinámicas, ambivalentes y, en algún punto, todas ellas cuestionan tanto la noción de “bondad” como la de “maldad”, desestabilizando dichas construcciones. Aunque a lo largo de la serie, son capaces de ayudarse desinteresadamente, apoyarse las unas en las otras y protegerse, estas mismas también son responsables de agredir, abandonar, atacar y acusar a sus compañeras.

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En fin, pese a que algunos puntos puedan tener una lectura algo cuestionable, Orange is the New Black ha conseguido trasladar a la pequeña pantalla otras formas de feminidad que cuestionan y subvierten los modelos normativos y, a la vez, nos ha acercado a algunas de las realidades sociales que no nos habían mostrado en series con este impacto mediático. Me hubiese gustado entrar un poco más en detalle, pero esto ya se me estaba yendo de las manos, así que voy a dejarlo en que OITNB es un serión en toda regla; así que si todavía no la has visto, ya estás tardando.

Anna N.

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Beyoncé: El nuevo icono feminista.

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Es complicado definir actualmente y en referencia a la cultura visual o pop el término “feminismo”. En la búsqueda de la definición perfecta se entra en preguntas como: ¿Qué es? ¿Qué acota? ¿Qué hay que hacer o pensar para ser considerada feminista? ¿Es un movimiento político-social aplicable a la vida real de las mujeres del planeta? La estrategia de marketing de Beyoncé no deja de ser una técnica de comercialización de un producto: sus canciones y marcas registradas. Y en su último trabajo, Beyoncé ha optado por etiquetarse como “feminista” y ha conseguido criticas a favor y en contra, pero no ha dejado a nadie indiferente. Si bien es cierto que para un mundo occidental el mensaje que transmite utilizando la etiqueta feminista queda un tanto grande por la problematización de convertir su cuerpo en los vídeos en un objeto para el disfrute de una mirada masculina, este mismo mensaje en culturas donde los derechos de la mujer van en un sentido divergente al de la sociedad occidental actual puede resultar, según la visión de algunas activistas feministas, muy positivo ya que hace llegar el mensaje de la liberación sexual femenina a mujeres que apenas han oído hablar de ello. Sin embargo, el movimiento feminista tiene un origen burgués y poco representativo para mujeres de colectivos minoritarios que no se sentían representadas por el contexto social de la mujer blanca que dominaba el espacio feminista.  Así pues, el feminismo conocido como “del tercer mundo” – no visto como algo negativo, sino como una tipología de feminismo subversiva, rebelde e inquietante–, defiende la necesidad de las mujeres pertenecientes a minorías de definir su propio feminismo, acorde con sus propias experiencias y cultura, ya que no puede existir un tipo de feminismo universal si hay uno predominante.

Beyoncé es para una gran parte de la comunidad americana negra un triunfo racial, les da el mensaje de que pueden pertenecer a una minoría étnica, a un grupo oprimido, venir de una clase social poco acomodada y triunfar, convirtiéndose en una megaestrella del pop y codeándose con la élite mundial. Y todo sin renunciar a una identidad y una cultura propia. Representa al nuevo sueño americano, una mujer independiente, rica, famosa, con una familia y sin problemas identitarios.

Quizás Beyoncé no hace referencia a muchas experiencias de mujeres blancas, pero sí que muchas mujeres de color se ven descritas en sus canciones. Es innegable la cantidad de referencias sexuales que contienen las canciones de la norteamericana, en numerosas ocasiones con tintes sumisos; pero al fin y al cabo, es una mujer adulta que habla abiertamente de relaciones sexuales entre adultos y completamente consentidas.

De todas maneras, una de las grandes críticas de su último trabajo discográfico radica en un estribillo que su marido, Jay-Z, rapea en la canción “Drunk in Love” ya que hace apología de la violencia doméstica incluso pudiendo “glamurizar” la acción. En ciertas canciones se insta a las mujeres a ser independientes, a disfrutar de su sexualidad y a exigir respeto y poder, pero por otro lado existe una ambivalencia sumisa y violenta.

Por otro lado la canción “Flawless”, incluye un extracto de la conferencia TED de Abril del 2013, en la que la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie firmaba un discurso titulado “We Should All Be Feminists.” en el que se pregunta por qué se educa sexualmente a niñas y niños de manera diferente y en el que da su definición de feminismo: una persona que cree en la igualdad social, política y económica de los sexos. Inicialmente la canción se filtró en el verano de 2013 como “Bow Down”, acompañada de un vídeo en el que se ve a Beyoncé ataviada con prendas neo-barrocas y maquillada al estilo Marie-Antoniete, empolvada e inusualmente blanca para una mujer de tez negra. El estribillo de la canción se repite una y otra vez repitiendo “Bow Down Bitches”, algo que la blogosfera feminista (de raza blanca) interpreta como un insulto de una mujer que se cree superior a las demás (algo que se podría leer como claramente anti-feminista). Es ya de sobras conocida la palabra “Bitch” en el mundo del pop contemporáneo, pero la explicación de algunas feministas negras es que al ser Beyoncé una mujer perteneciente a un grupo racialmente oprimido, utiliza la palabra (muy común en ghettos y en la cultura artística afroamericana para hacer referencia a la mujer negra) para enfrentarse a esas mujeres, hipotéticamente blancas, que le dicen cómo actuar según las reglas sociales establecidas por los blancos.

“Partition” representa un problema más visual que lírico, ya que las letras son sexualmente explícitas y sumisa, pero no hay ningún tipo de abuso por parte de la pareja. Representa a la mujer adulta que disfruta del sexo consentido. Además en los últimos segundos de la canción se oye una voz femenina de fondo hablando en francés que recuerda que el sexo es algo natural y que no está reñido con el feminismo, ni con ser una mujer fuerte e independiente. Es remarcable que el fragmento se haga en lengua francesa, ya que la estética tomada para el vídeo de la canción es una simulación del show de burlesque parisino Crazy Horse, un espectáculo esencialmente creado para el disfrute del hombre, donde las bailarinas bailan semidesnudas. Es interesante el concepto sajón “male gaze” aplicado al contexto del streapclub o a un videoclip. Según la teórica Laura Mulvey, desde el punto de vista feminista existen tres maneras de asumir  la mirada. Primero cómo los hombres miran a las mujeres, seguidamente cómo las mujeres se ven a sí mismas, y para finalizar cómo las mujeres ven a otras mujeres. El espectáculo al que Beyoncé pertenece en el vídeo está totalmente dirigido al disfrute de la mirada masculina, lo que la convierte en algo sexual que contemplar. También resulta curioso, a nivel racial, que al inicio del vídeo Beyoncé salga desayunando en lo que parece una mansión y sin motivo alguno tire su servilleta al suelo, que rápidamente es recogida por una camarera blanca vestida de forma muy provocativa. El detalle resultaría insignificante si los blogs de activistas negras no lo interpretasen como un desafío a la autoridad blanca, como lo hace Mia McKenzie del blog blackgirldangerous.org.

En el caso de “Blow”, se hace una clara referencia al sexo oral. Es relativamente normal encontrar el tema en canciones, pero sin embargo el denominador común en la mayoría de las canciones es que son hombres que quieren o explican una felación. Sin embargo, es difícil encontrar a superestrellas del pop femeninas que llenan estadios y tienen audiencias infantiles hablar del tema tan abiertamente. ¿Por qué son sólo los hombres a los que se les permite expresar abiertamente el gusto por esta práctica sexual?

Creo que de por sí es complicado definir lo que es feminista, pero lo mejor sería hablar de “feminismos” y no de feminismo en singular. Desde mi punto de vista el movimiento feminista tiene multitud de matices dependiendo del contexto cultural al que se pertenezca, la raza, el país, la educación, la sexualidad y una gran variedad de variables más. La opción de feminismo que se elija no tiene porque ser aplicable para todas. Estoy a favor de todo lo que implique igualdad entre los sexos y la transmisión de ese mensaje a todos los rincones del mundo, ¿y quién mejor que transmitir el mensaje que una súper estrella mundial? Es cierto que está muy lejos de ser mi icono feminista, pero prefiero a una mujer que habla de una manera natural sobre el sexo oral y estar en un club bailando una canción que dice que estoy a cargo de mi sexualidad y que no hay nada malo en disfrutarlo que una canción que en su videoclip tiene a mujeres desnudas como decoración y letras totalmente ofensivas y sexistas. Mujeres de cualquier raza y posición social deben reapropiarse de sus cuerpos y no convertirse en simples objetos a disposición del placer y la mirada masculina. No olvido que Beyoncé es simplemente una parte de la industria musical y la cultura pop y que detrás de ella hay un gran trabajo de marketing, pero aunque no sea el mejor ejemplo de feminismo, definitivamente es un buen comienzo.

 

Blanca B