NEBRASKA: CUANDO LA MASCULINIDAD SE ENFRENTA A LA VEJEZ

cine, masculinidades, vejez

El deterioro físico y psicológico que conlleva hacerse mayor suele aparecer en un segundo plano en la industria del cine. Sin embargo, cada vez más películas nos acercan a este proceso y a la dificultad de enfrentarse a uno mismo cuando uno deja de ser lo que fue.  Nebraska (2013), la última película de Alexander Payne, pone a la vejez en primer plano y nos presenta el quijotesco viaje de Woody Grant, un veterano de la guerra de Corea, alcohólico y con principios de demencia senil que cree haber ganado un millón de dolares tras recibir una carta promocional. Después de varios intentos de ir de Montana a Nebraska por su propio pie, su hijo David decide llevarlo a recoger un premio que sabe que no van a cobrar. Con este retrato agridulce de la vejez, Payne cuestiona la viabilidad del modelo de masculinidad hegemónico y presenta a una generación futura que empieza a repensar esta construcción.

A pesar de la maleabilidad del término “masculino”, hay ciertos parámetros que se mantienen en el paso del tiempo y en las diferentes culturas. David Gilmour los ha llamado las 3 Ps: Protection, Providing y Potency. A través de estas, se han constituido las representaciones más habituales del hombre como heterosexual, autosuficiente, hermético y, tradicionalmente, como el sustento principal de la familia. En Estados Unidos, donde el capitalismo, la ética del trabajo y el mito fundacional del self-made man tienen tantísimo peso, el concepto hegemónico de hombría está directamente relacionado con éxito económico y poder. Por consiguiente, si entendemos estos parámetros como la base de lo “masculino”, la jubilación y el envejecimiento, no solo implican la pérdida de una identidad previa, sino que se traducen también en un claro proceso de emasculación.

Es curioso como hasta hace relativamente poco los hombres de la tercera edad se han representado en las películas como personajes todavía capaces, en mayor o menor medida, de desempeñar el rol masculino tradicional. En el cine más comercial, el anciano ha conservado su posición social, reforzando la idea de que vejez va de la mano con experiencia, sabiduría y respeto. Sin embargo, Nebraska rompe con la integridad y la impermeabilidad de los personajes mayores con los que nos topamos frecuentemente en la gran pantalla. Woody, lejos de ser admirado y respetado, es un alcohólico tozudo e ingenuo  totalmente dependiente de su familia; nunca ha sido un padre ejemplar, y parece cargar con el peso de un pasado que no pudo elegir. Aunque no conocemos sus sentimientos, los silencios del protagonista quedan abiertos para nuestra interpretación.

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El servicio de Woody en Corea se menciona en muy pocas ocasiones; sin embargo, su experiencia en la guerra desempeña un papel fundamental en la película. Estaremos de acuerdo en que la figura del soldado se ha configurado socialmente como un elemento clave para la definición de hombría. Sin embargo, el peligro y la exposición a la muerte no pueden más que resultar en vulnerabilidad, ansiedad y miedo. Paradójicamente, mientras la guerra, como concepto, constituye al soldado como uno de los principales prototipos masculinos; la experiencia en el campo de batalla lo despoja de aquellos atributos que, supuestamente, lo configuran como hombre. El silencio de Woody sobre la guerra ratifica la afirmación de Elaine Scarry de que el dolor no solo resiste el lenguaje, sino que lo destruye activamente, cambiando la forma en la que vemos e interpretamos el mundo. No obstante, al volver a casa, el soldado debe reconstruir la identidad masculina que se perdió en combate para reintegrarse en el orden social. Para nuestro protagonista, el alcohol se convierte en la forma de lidiar con la aceptación de contradicciones de conlleva este proceso.

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La vejez y la guerra demuestran que la masculinidad es una construcción efímera que se desvanece con el tiempo y la experiencia. Durante toda la película, el protagonista lucha para recuperar la identidad y la posición social que ha perdido con los años. Criado y educado en los 50, un periodo de inestabilidad política y social marcado por la paranoia nacional, Woody conoce poco o nada más que los discursos dominantes, convirtiéndose en su único recurso para recuperar su lugar dentro de la comunidad. Es por eso que, si la masculinidad en EE.UU. viene dada por el éxito económico, Woody concibe el falso millón de dólares como su última oportunidad para recuperar el respeto de la comunidad y recobrar su hombría; pero, sobre todo, representa el único medio que le permitirá conectar con la gente que quiere. Sin embargo, el premio no es más que una farsa, una ilusión; al igual que la identidad normativa producida por el imaginario y la mitología nacional que Woody intentaba alcanzar.

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Woody representa el fracaso de una masculinidad insostenible y, aunque no constituye una masculinidad alternativa, creo que su personaje es subversivo en muchos sentidos. Las transformaciones del protagonista, tanto en la guerra como durante su envejecimiento, lo convierten en una figura que desestabiliza y problematiza los discursos nacionales aparentemente estables. Es así como el viaje a Lincoln, Nebraska, se convierte en una experiencia liberadora para padre e hijo, quienes finalmente consiguen conectar. La lucha perdida de Woody, permite a David reconceptualizar su propia identidad y formular un modelo masculino alternativo basado en la responsabilidad, el respeto y la empatía, que rompe con la rigidez de las construcciones establecidas.

 Anna N.

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