Hipersexualización infantil al alza

belleza, cuerpo, Cultura popular, feminismo, sexualidad

Hace unos días, el Parlamento francés votó a favor de una reforma para prohibir los concursos de belleza infantiles dirigidos a menores de 16 años en un intento desesperado por evitar la ‘hipersexualización’ de las/os menores. Aquellas personas que organicen este tipo de certámenes se enfrentarán hasta a dos años de prisión y a multas de alrededor de 30.000 euros. Pero claro, la sanción  puede resultar insignificante cuando las ganancias pueden superar con creces la cifra de la multa. Los portavoces del Gobierno Francés añaden que luchan para que se tenga en cuenta la inteligencia y el talento de los menores y no solo la apariencia física. Además de intentar proteger a los niños para no adoptar roles sexuales que no son pertinentes a su edad.

El revuelo mediático empezó tras la publicación en 2010 de unas fotos en la revista “Vogue”–previamente ya lo había hecho Armani, utilizando de percha a dos jovencísimas modelos asiáticas muy ligeras de ropa–, donde tres niñas menores de 10 años posaban excesivamente maquilladas, luciendo vestidos ajustados, tacones y “modelitos” firmados por Versace, Yves Saint Laurent, Bulgari o Louboutin. El número editorial de la revista consiguió, además de acusaciones de pedofilia, agotar la edición en todos los quioscos en apenas unos pocos días. Y es que, lamentablemente, un escándalo –bueno o malo– siempre es publicidad… La revista alegó que solo querían mostrar los deseos de muchas niñas de convertirse en sus madres.

El debate es un viejo conocido de la opinión pública estadounidense, donde las competiciones de belleza son un verdadero fenómeno de interés mediático; más de 250.000 niñas participan en aproximadamente unas 5.000 competiciones y tienen sus propias revistas mensuales, como Pageantry Magazine. Además, reality shows del tema comoToddlers and Tiaras, que emite la cadena americana TLC, cuentan con unos índices de audiencias que baten récords. Sin embargo, instituciones en pro de la infancia han mostrado su preocupación. Por ejemplo, la jovencísima Eden Woods, con tan solo 6 años, ha ganado más de 300 concursos de belleza y sus padres han decidido retirarla de estos para firmar contratos multimillonarios para un libro de memorias y una línea de ropa infantil. Estas organizaciones mantienen que en demasiadas ocasiones los padres introducen a los menores en el mundo de la moda y la belleza para cumplir sus expectativas no satisfechas. Utilizan a sus pequeños como medio para cumplir sus sueños frustrados y, en muchas ocasiones, la ganancia económica es un incentivo, viendo que el infante se puede convertir en una fuente de recursos más; es un negocio. ¿Dónde está la frontera entre incentivo económico y explotación infantil? ¿Estamos dejando desprotegidos a menores en manos de sus propios padres? Desde luego no considero que sea lo mismo cuando una niña juega a maquillarse en casa imitando a los mayores, que cuando se maquilla porque es juzgada por su apariencia. Asimismo, en muchas ocasiones el jurado del concurso puede resultar inmoral e implacable, pudiendo tratar al niño como si de un adulto se tratara. Se convierten en infantes en un mundo de mayores. Cuando se introduce a los niños en edades tan tempranas de maduración y formación en concursos de belleza, les transmitimos el mensaje de que su apariencia física y su imagen son sus rasgos más importantes. Dejamos atrás valores y morales, y pasamos por alto que quizás, lo más conveniente para su futuro, sería cultivar sus capacidades intelectuales en vez de confiar puramente en su aspecto físico.

El debate entorno la “hipersexualización” infantil tomó fuerza en 2001 cuando David Cameron, entonces ministro de Reino Unido, pidió un estudio sobre la sexualización y comercialización de la infancia. El resultado final de esa investigación se llamó el “Informe Bailey”. En él, se llegó a la conclusión de que la sexualización de menores en la publicidad y la televisión constituye un peligro real para la sociedad. Actualmente, ver a niñas posando como adultas, en posturas y vestimentas poco adecuadas para su edad, es una tendencia al alza, y debemos recordar que este imaginario tiene un gran impacto sobre la audiencia infantil que, en muchos casos, querrá imitar lo que ve en televisión. Es más, constituye un peligro doble si tenemos en cuenta que estas imágenes se proporcionan de manera legal a depredadores sexuales y pedófilos.

En nuestro país, también acontecen certámenes de este tipo. El mejor ejemplo es “Miss Teenager”, un concurso para menores de 19 años donde se buscan “chicas guapas, altas, simpáticas, con buen físico, look juvenil, alegría, ilusión y ganas de hacer realidad su sueño”, según los organizadores. Sin embargo, en las bases del concurso también se pueden encontrar requisitos como: no haber sido fotografiada o filmada totalmente desnuda y/o para fines pornográficos; ser soltera, jamás haber estado casada, separada o divorciada; no tener hijos, no estar embarazada y haber nacido mujer. Bases que, desde mi punto de vista, son totalmente sexistas, homófobas y tránsfobas; no sólo buscan una belleza canónica y heteronormativa, sino también una imagen socialmente aceptable. Resulta particularmente llamativo el requisito de soltería en menores de edad, ¿qué otra lectura puede tener este a parte de causar una mayor atracción entre el público masculino? ¿No es esto una llamada a la pedofilia?

Lo que me preocupa de estos concursos es la necesidad que se impone a las jovencísimas aspirantes de proyectar una imagen perfecta. Lejos de fomentar la aceptación y el amor propio en este período de vulnerabilidad, se les presiona con un ideal físico que puede resultar en ansiedad (y otras enfermedades). En otras palabras, dudo que unas niñas que se pasan horas en un set en peluquería y maquillaje, lo único que estén haciendo sea imitar a los mayores.

Así que veo la decisión del Gobierno Francés de proteger a sus menores como algo que se debería de extender al resto de países en los que se celebran este tipo de certámenes. La belleza, no debería ser la parte central de la educación de un infante. Este tipo de concursos son la muestra de que inculcamos los cánones estéticos a edades cada vez más tempranas, enseñando a nuestros pequeños a no salirse de la norma. ¿De verdad queremos seguir la tradición del prototipo de mujer florero?

 Blanca B

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#GIRLBOSS: la mujer hecha a sí misma.

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Cuando empecé a escribir este post, pensé simplemente en hacer un comentario de un libro que había leído: #GIRLBOSS, de Sophia Amoruso, en el que narra su historia en el mundo empresarial. A decir verdad, tenia opiniones contradictorias sobre el propio libro, aunque cuando lo empecé sabía que no era Anna Karenina y que más bien sería una lectura ligera, también tenía algunas esperanzas en él. Pensé que, quizás, su autora relataría las claves para ser una gran mujer de negocios y las dificultades con las que se había encontrado dentro del mundo empresarial.

Recuerdo un debate en la Universidad sobre si, en una sociedad dónde la mujer es valorada principalmente por su aspecto físico, la belleza facilitaba las cosas para las mujeres y las dotaba de cierto poder, o si, por el contrario, dificultaba que las tomasen en serio. Aunque creía que era algo que formaba parte del pasado, me he dado cuenta de que aún se asocia lo femenino y bello con lo banal y de poca importancia. La falta de credibilidad intelectual hacia las mujeres bellas se debate en la publicación El mito de la belleza, de Naomi Wolf. En él, Wolf argumentaba que existe una conspiración mundial de marcas cosméticas, fabricando e imponiendo ideales de belleza femenina convirtiéndolas en un objeto sexual. Desde luego que el ideal canónico de belleza femenina es un constructo social, pero atacar a una mujer simplemente por el hecho de ser heteronormativa me parece esperpéntico. Entramos en un mundo de tiranía donde se ataca a mujeres por su heteronormatividad y su imagen canónica y cuidada. Se entra en excluir a mujeres con buenos ideales por vestirse y maquillarse de una manera socialmente convecional, ¿No es eso hipócrita? ¿Deberíamos dejar de teñirnos para que se nos tome en serio? ¿No deberíamos ser las mujeres dueñas de nuestra propia apariencia? ¿No deberíamos poder teñirnos y maquillarnos como nos gustara (maquillaje y tinte incluido)? Esta claro que también se ha cuestionado a mujeres no normativas, asi que, tengamos el físico que tengamos, siempre se nos va a cuestionar. En un caso por no ser suficientemente femeninas, en el otro por serlo demasiado.

En #GIRLBOSS, Amoruso explica mediante relatos personales su efervescente carrera y liderazgo de la venta de moda en Internet. Pasa de anticapitalista furtiva y ladronzuela de segunda, a mujer de negocios en menos de 10 años. El título me parece muy bien escogido, aunque de las críticas no se libra. El hashtag (#) representa la estrategia comercial de Nasty Gal: las redes sociales; y la palabra “girlboss”, que traducida significa jefa, le da el hincapié a el hecho de que es una mujer jefe. Sin embargo, utilizando la palabra girl en vez de woman resalta su juventud.

En cuanto a el libro en sí, como ya he mencionado, tengo sentimientos contradictorios. Tenía la esperanza de que fuera un libro algo más teórico y empresarial y, sin embargo, es prácticamente una biografía de Amoruso y de su empresa, Nasty Gal, lo cual es interesante y lo hace diferente al típico libro de autoayuda. Es sincero, divertido, a veces inspirador y fácil de leer, pero no consideraría a Amoruso una buena escritora aunque reconozco que promueve buenas ideas e ideales de igualdad entre sexos.

El libro no aporta conocimientos nuevos al mundo empresarial y está claramente dirigido a jóvenes que no pertenecen a ese entorno, aunque las anima a ello. No hay respuestas a preguntas económicas, y en ningún momento se mencionan los retos a los que las “jefas” se ven sometidas: conciliar vida laboral y familiar, blindaje sexista en las directivas…

A veces la narrativa puede ser moralista y tiene un tono triunfalista molesto en algunas ocasiones, ya que parece que Amoruso deja entrever que quien no triunfa es porque no quiere o no lo sabe hacer. Parece carecer de algo de empatía hacia su lector que posiblemente el 99.9% de las veces no va a triunfar del modo que ella lo ha hecho. Ésto recuerda al mito fundacional americano del hombre hecho a sí mismo, un concepto aplicado a los hombres del siglo XX que creaban fortunas partiendo de cero, y un tema clásico en la literatura norteamericana (un buen ejemplo de ésto es El Gran Gatsby). Lo interesante es la aplicación del concepto a la mujer del siglo XXI: la mujer hecha a si misma.

Blanca B

Très chic: Un mundo de hombres y pantomimas escénicas.

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No nos engañemos, el mundo de la moda ha sido siempre un mundo de hombres. Ellos han dictado los ideales de belleza y han diseñado el vestuario que ellas han llevado. En el siglo XXI la cosa no ha cambiado mucho; algunos de los diseñadores más renombrados de las ultimas décadas: Jimmy Choo, Marc Jacobs, Christian Louboutin, Karl Lagerfeld, Valentino, John Galliano, Domenico Dolce y Stefano Gabbana, Giorgio Armani, Jean Paul Gaultier, Tom Ford, Óscar de la Renta, etc. La lista es interminable.

Hace unas semanas en la semana de la moda de París, Karl Lagerfeld presento su nueva colección para la maison francesa Chanel. A mi parecer una pasarela de moda se acerca más a una performance que al simple hecho de presentar un grupo de vestidos bonitos poco llevables. La marca francesa capitaneada por Lagerfeld nunca decepciona en su escenografía, aunque levanta ampollas cada temporada. Es de sobras conocida la temporada Otoño-Invierno 2014/2015, en la que el equipo de la maison convertía el recinto de la pasarela en un supermercado donde las modelos andaban como autómatas y simulaban comprar bolsos 2.55 envasados al vacío. Algo muy criticado, ya que se podía hacer la lectura de que comprar un bolso de estas características era tan fácil y necesario como ir al súper a comprar comida, aunque si pensamos en los mas de 2.500 € que vale en bolso en cuestión (la talla pequeña), quizás se aleja de la economía del comprador medio de cualquier ciudad europea. Personalmente, lo interpreté como una broma de mal gusto en la que el “Kaiser”, como se conoce a Lagerfeld en el mundo de la moda internacional, invitaba a sus clientes a comprar compulsivamente como si se tratara de adquirir algo básico.

Sin embargo la temporada pasada está eso, pasada. La nueva ironía de la casa francesa ha sido montar un escenario evocando las calles parisinas, y llenarlo de bellísimas modelos de más de 1.80 y talla 0 luciendo lo último de Chanel en una pantomima que representa una manifestación feminista. Hay varios motivos por los que deberíamos escandalizarnos y querer boicotear la marca (si pudiésemos). Primero por los slogans que se podían leer en las pancartas que las modelos portaban, precisamente banales e incluso ridiculos: “Ladies First“
, “Women’s rights are more than alright“, “Be different“,
”Boys should get pregnant too“, “Feminism not masochism“, “Make Fashion Not War“. La industria de la moda y las revistas, instigadoras de ideales femeninos casi imposibles de alcanzar, han alabado el cinismo de Lagerfeld y se han desecho en cumplidos y llegándolo a calificar como el abanderado del nuevo feminismo. No podemos olvidar que este mismo individuo ha protagonizado un sinfín de escándalos por llamar a sus modelos (extremadamente delgadas) gordas; además criticó la portada de Vogue America de Adele por su físico poco canónico; y declaró que Coco Chanel no era lo suficientemente fea para ser feminista…Personalmente, creo que Lagerfeld se ríe de un movimiento necesario y lo banaliza cuestionando su importancia.

La relación moda-feminismo ha sido siempre difícil. La industria de la moda ha sido constantemente criticada por reforzar los estereotipos femeninos más negativos, y ha contribuido a el aumento de la visión negativa del cuerpo de la mujer por las mismas mujeres. Quizás el problema es el encontronazo de las definiciones de los dos campos; por un lado los movimientos feministas representan una ideología que pretende la equidad y liberación de la mujer. Pero por el otro lado, la industria de la moda es eso, una industria, y por consecuencia parte de otro movimiento ideológico: el capitalismo. ¿Se excluyen? En mi opinión no, pero el balance entre ambos es una tarea ardua, y mas cuando energúmenos contribuyen a utilizar y mitificar la imagen y comportamiento de una mujer ideal inexistente. Es cierto que también hay una industria de la moda masculina, pero desde luego no tiene el peso ni mueve económicamente lo que lo la venta femenina. Me pregunto si esto se debe a la educación que recibimos. Desde pequeña recuerdo ver revistas de moda sólo y exclusivamente dirigidas hacia el público femenino. En el artículo de Beyoncé, me hago eco de la pregunta ¿Porqué se educa sexualmente de manera diferente a niños y niñas? Creo que la misma pregunta es aplicable en el contexto fashion.

Blanca B.